Renovando equipamiento

Algo más de un año después de las últimas modificaciones importantes (por avería) de mi PC, he decidido darme el capricho y renovar lo más importante del mismo, la CPU, la cual venía arrastrando desde 2007 (un Core 2 Duo E6600) y que últimamente se me antojaba corta de potencia al realizar según que tareas.

Una de las cosas que busco en mi equipo es que sea silencioso. Con el fallo de mi 8800GTS compré una 9800GTX+ (GTS250) por el buen precio que tenía pero pese a tener un nivel sonoro inferior al de los modelos stock (por su disipador), hacía algo más ruido del deseado (era el componente más ruidoso del equipo fijando rpms con el MSI Afterburner).

Por esta razón, he aprovechado y sustituido la tarjeta gráfica también.

Los cambios realizados son:

– Gigabyte GTX460
– Intel Core i7 870 (más económico que modelos inferiores ¬¬)
– 8GB de DDR3 en dos módulos
– NH-U12P SE2
– Gigabyte GA-P55A-UD4

La GTX460 es impresionante. En idle se mantiene en apenas 30ºC (más de 20 menos que la 9800) y es muy silenciosa. Con carga no pasa de los 60ºC. Recordad que mi caja, una Antec P182, es bastante restringida en cuanto a flujo de aire. Por esta razón, estos resultados son excelentes.

El i7-870 también se mantiene gracias al Noctua a 30ºC y no supera los 60ºC en carga, todo esto con los ventiladores al mínimo. La mejora de rendimiento es notable en comparación con el E6600, toda tarea que aproveche los 8 hilos que puede ejecutar la CPU se acaba en un momento y, por ejemplo, puedo correr el Final Fantasy XIV con todo al máximo incluyendo el Ambient Oclusion activado 😮

Lo único avisar a quienes quiera comprar la combinación de placa + disipador que he hecho yo. Como podéis ver, la memoria va justa y si tenéis previsto usar los 4 slots puede que tengáis problemas si usáis módulos con disipador que sobresale por arriba (bastante habitual últimamente).

Intel Matrix: combinar rendimiento y redundancia

Ayer, leyendo los Whitepapers de la tecnología Intel Matrix Storage que incorporan Intel en los chipsets de la mayoría de las placas base que los llevan, me fijé que mostraban la posibilidad de combinar varios tipos de RAID en un par de discos duros.

En mi caso tenía desde que actualicé el PC en 2007 un par de discos duros de 250GB configurados en RAID1 con dos particiones, una con el sistema operativo y otra con los datos. Esta configuración está muy bien ya que obtenemos redundancia en caso de fallo de uno de los discos duros (es como si no pasase nada). El problema (aunque no muy grande) es que el rendimiento en RAID1 (y más en este tipo de soluciones RAID por Software) es inferior a usar los discos sin RAID o en RAID0 (sin redundancia alguna).

Siguiendo el Whitepaper de Intel, hice un backup de todos mis datos y reconfiguré los arrays (se hace en la bios y en no más de 5 minutos, en mi placa CTRL+I al iniciar) dejándola así:

ATENCIÓN: MODIFICAR LA CONFIGURACIÓN ELIMINA TODOS LOS DATOS DE LOS DISCOS DUROS IMPLICADOS

Como podéis ver, he creado un RAID0 usando 30GB de cada disco duro para instalar el sistema operativo e aplicaciones y con los 200GB restantes he creado un RAID1 para los datos.

Las ventajas de esta configuración son:

  • Rendimiento: todo lo que esté en la parte en RAID0 irá mucho más rápido. He pasado unos tests con el HDTune y el rendimiento es aproximadamente el doble que en la partición de RAID1.
  • Seguimos teniendo redundancia para los datos importantes. En caso de fallar un disco duro, el sistema operativo no arrancará, pero conectando el otro por USB podremos acceder a los datos desde otro equipo (también podemos sustituir el disco duro averiado por uno nuevo, rehacer el RAID0 y reinstalar: los datos seguirán en su sitio).
  • Obtenemos un poco mas de capacidad en ambas partes, tanto en RAID0 como en RAID1.

Así a primeras, si bien el rendimiento de RAID1 no es malo, al estar las aplicaciones en la parte RAID0 hace que todo arranque mucho más rápido y el sistema vaya más suelto. Del mismo modo, como la parte de datos (que se escribe en los dos discos a la vez para tener la redundancia) no se usa tanto, el desgaste de los discos es inferior.

En cuanto al espacio, antes, configurado todo el disco en RAID1, tenía una partición de 40GB para el sistema operativo y otra de 190GB para los datos, al hacer la configuración nueva ha quedado en 60GB para el sistema operativo y 200GB para los datos. Esto es porque para el sistema operativo podemos coger menos espacio ya que el resultado final se consigue sumando el espacio de los dos discos duros.

Por supuesto tenemos un inconveniente, y es que en caso de fallo de un disco duro, el sistema operativo dejará de funcionar, pero por suerte esto se soluciona fácilmente creando una sencilla imagen de esa parte del RAID regularmente (una vez al mes, o cada vez que realicemos cambios importantes en el sistema operativo) para que en minutos tengamos el sistema funcionando otra vez. Esta imagen nos servirá también por si se nos daña la instalación del sistema operativo aprovecharla para no tener que reinstalar todo.

Para este menester podemos usar el Ghost o el Acronis True Image (los más usados), personalmente prefiero el Acronis, que usando el disco de arranque detecta sin problemas el RAID y tiene conectividad de red. De este modo he hecho la copia directamente a mi servidor NAS (20GB de datos ha quedado en 8GB comprimido). La copia no ha tardado más de 30 minutos, lo cual es excelente. Para vuestro interés he usado la versión 12 que salió hace poco.

Para restaurar la imagen, con el mismo True Image, podemos hacerlo por red, así no hay que gastar discos 🙂

Aunque ya sin RAID, el método de imagen por red lo uso en el resto de equipos y os lo recomiendo, pensad que en caso de fallo de disco duro en 1h como mucho tienes todo reinstalado, configurado y funcionando 100% 🙂