Jardines Imperiales y la Estación de Tokio

Hoy el tiempo no nos ha respetado demasiado. Por la noche, que hemos pasado mejor de lo que creía pese al jet lag, ha estado lloviendo. Por suerte la temperatura no era ni baja ni alta, casi se podía ir con manga corta.

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De camino a la estación de Tokyo, más vistas de las carreteras elevadas.

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Esta columna soporta una de las carreteras elevadas, si os fijáis la vibración de la estructura se nota en el agua.

Así que ni cortos ni perezosos, nos hemos ido a los Jardines Imperiales, que están más o menos a la misma distancia de Akihabara pero tirando más hacia el Oeste. Por el camino, con el cielo blanco y una deprimente neblina matinal, hemos pasado por la estación de Tokyo (la central), lo que implicaba ver los Shinkansen y el resto de lineas de tren que pasan por esas vias, aunque sin poder entrar ya que obviamente, al andén no llegas si no pagas 😛 La estación, al menos el vestíbulo principal, mantiene el aspecto original, como suele pasar en todas, y a partir de ahí se moderniza. En Tokyo, como en otras estaciones en Japón, las vías pasan unas por encima de las otras igual que en las carreteras, y en directo, como siempre, impresiona más que en foto.

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Vista del vestíbulo clásico de la estación de Tokyo. Y una máquina expendedora de tickets. Al final le pillamos el truco.

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Aquí cuando hacen grúas, las hacen de verdad. Cómo se nota donde hay riesgo de terremotos.

En cuanto a los jardines, pues la verdad es que ser, serán enormes, pero al estar casi del todo cerrados, sólo se puede ver la parte exterior. Hay bastante vigilancia y extrema limpieza, como en casi todas partes, y la verdad es que el aspecto general es muy bonito. Es de agradecer, que en semejante urbe, haya una gran espacio verde que haga respirar un poco la ciudad.

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El primer puente antes de entrar.

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Una fuentecita 😛

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Se encontraba ya fuera de nuestro alcance…

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Tras pasearnos un poco más por los jardines, hemos decidido entrar en el metro. Pero eso ya lo explica Arnau.